sábado, 17 de febrero de 2018

Datos

Palabro para referirnos a esa amalgama de cifras y estadísticas que los noticieros e interesados utilizan como escudo y hostigamiento diario. Datos para fustigar, para justificar, para atacar, para defenderse. Tan saturados nos tienen de estadísticas y números que colocarlos como titular de esta reflexión supone ya una barrera, así que, si has llegado hasta aquí, felicidades, estas demostrando un grado de interés y preocupación por lo que está sucediendo muy por encima de la media.
No voy a dar ni uno, bueno solo ese, porque no son los datos sino la utilización y banalización de estos lo que debería revelarnos, sobre todo cuando nos restriegan en la cara los malos datos a los que tenemos una responsabilidad reducida, a los que podemos hacer menos por cambiarlos.

Es indecoroso, insultante, zafio, debería ser condenable que, diariamente se utilicen las malas estadísticas de una manera tan trivial, tan impersonal. Detrás de cada mal dato hay desequilibrios, arrugas, desigualdad, lágrimas, exclusión, tensiones, marginalidad, sufrimiento, penuria, privaciones, emigración, desesperación, frustración, sufrimiento.

No somos datos, somos personas. No tenemos cifras sino caras, no estamos formados de porcentajes, índices o tendencias sino de familia, amigos e ilusiones.

Los datos pueden hacer nublar la sensibilidad, pueden anular la perspectiva esencial. A los datos que hablan de personas tenemos que incorporarles alma para que sobre los mismos, se adopten decisiones con conciencia.