sábado, 15 de julio de 2017

Descubrir la capacidad política

Ocupar un cargo público, dedicarse a la vida política no tiene precio. Existe hoy un gap entre lo ideal y la mísera realidad, que es insultante como sociedad, colectivo, estado o territorio, con aquello con lo que cada uno guste de identificarse. Hoy, a muchos les duele España, a mi, me duele El Mundo.

La polémica del salario de los concejales de Madrid. Varios días en primera página analizando y reprochando cuánto de su sueldo tienen que donar.

El caso de Oscar Pérez, el insurrecto policía venezolano que en tiempo record pasará a ser líder político. Todo por coger un helicóptero e irse al palacio presidencial.

El hijísimo del honorable president que ha pactado el tiempo de carcel por su abuso de poder.

El abanico es amplio, solo así puede llevar a cabo su misión, echar aire. 

Tanta diversidad en la vida pública y política contrasta sin embargo con el simple y directo esquema decisional de un enorme espectro de electores y ciudadanos: Voto a este porque me cae mejor que el otro.

En mi pueblo, Isla Cristina, el anuncio de una moción de censura a la alcaldía ha disparado la dicotomía. Parece imprescindible tener que decantarse por uno u otro bando. Porque además, los protagonistas lo alimentan a diario. Estas a favor mia o contra mí, repiten de una u otra forma, el debate lleva a una espiral nefasta para todos.

Nunca puede perderse de vista que los representantes públicos son los máximos responsables de la gestión de lo común, de liderar, de motorizar El Progreso y desarrollo de un territorio, de una sociedad. Si no están plenamente dedicados a eso, sobran, son un lastre. No hay punto intermedio: son parte de la solución o del problema.

Una vez tomado esta idea como base, lo que resulta necesario conocer es si son los más capaces. Porque una cosa es tener vocación de servicio público y otra distinta, ser capaz de darlo. No todos tenemos talento para todo. Algunos están mejor en casa. Es un ejercicio de reflexión obligatorio para todos a la hora de asumir responsabilidades y por tanto, tener la potestad de perjudicar a terceros.

No podemos permitirnos perder de vista esta idea fundamental, lo contrario solo sirve para perjudicarnos. Eso es lo que, como ciudadanos, como votantes tenemos la obligación de intentar descubrir. Para votar por los más capaces y no por el que se más se le infle la vena del cuello.