viernes, 6 de abril de 2018

Antropoceno


En la defensa de la biodiversidad, en la apuesta por la conservación, una de las cuestiones más difíciles de visualizar e interiorizar es la suma importancia de cada eslabón de la cadena. Cada pieza es importante, cada especie, cada elemento cumple una función.

Sin embargo, el hombre ha alcanzado tal nivel de poder gracias a la ciencia y la tecnología, que hemos pasado a gobernar el futuro del planeta que nos da la vida. Estamos, los humanos, provocando la sexta extinción mundial de especies. Estamos cambiando de tal manera el propio funcionamiento de la dinámica natural, que los científicos están debatiendo ahora si hemos entrado en una nueva era geológica, el Antropoceno.

El Golfo de Cadiz es un lugar privilegiado por su ubicación geoestratégica. Un clima benigno y la riqueza del océano al que se asoma, lo hace de los mejores lugares del mundo para vivir. Su amplia plataforma continental ofrece un rico caladero pesquero, sus playas arenosas, uno de los mejores lugares para disfrutar del tiempo de descanso.

Los cordones dunares que se extienden desde Portimao a Tarifa cumplen una función biológica insustituible. Dan lugar a un ecosistema propio, hacen posible todo un mosaico de vida que ha dado lugar a diversas especies autóctonas, tanto vegetales como animales. Las dunas, sus corrales, la vegetación asociada a la misma, además de resultar variada, bella, singular, cumplen funciones esenciales para el adecuado funcionamiento de todo el entorno. Una de ellas, absolutamente imprescindible, la protección frente al viento y la mar.

Nunca lamentaremos lo suficiente haber permitido construir en primera línea de playa, reventando el cordón dunar, desvirtuando el paisaje, mutilando el ecosistema. No todo está a nuestra disposición y a nuestro servicio. Reconocer el valor del ecosistema dunar nos hace conscientes de nuestro espacio y nuestros límites, de la necesidad de dejar que las fuerzas naturales sigan su dinámica porque, en ellas también se genera la riqueza natural que nosotros hacemos también económica. El caladero pesquero es así de rico gracias a esta dinámica mareal y a los continuos movimientos del fondo marino.

Las marismas son fuente inagotable de riqueza gracias a las dos mareas que, diariamente oxigena, renueva los nutrientes. Lo singular, lo diferencial de las playas, sus dunas y la arena blanca es motivado por las mareas y los vientos. Así ha podido diseñarlo la naturaleza desde mucho antes que trajésemos nuestros espigones, nuestras dragas, nuestros arrastreros o nuestros edificios a la playa.

Cualquier opción de futuro para el turismo, para la pesca, pasa por utilizar unas prácticas, un modelo, unas infraestructuras, que adapten la generación de riqueza a los ciclos naturales, de otro modo sembramos flores de un día, espejismos que un vendaval transforma en pérdidas, dolor e impotencia.

Hace unos años, se acometieron unas tareas de mejora en el cordón dunar que han dado sus frutos. El ecosistema es muy agradecido, se han regenerado dunas, se han asentado algunos núcleos de enebros, en algunas zonas hay alguna regeneración del pinar, pero no puede prosperar solo. Tal como lo hemos dejado, encorsetado entre edificios y carreteras, no puede.

El pinar de Isla Cristina tiene los días contados, está viejecito, numerosos pies ya han cedido y otros muchos lo harán, en breve tristemente. El retamar tiene nulo relevo, algunas otras especies xerófilas pasan por un momento muy delicado. Es necesario seguir combatiendo las especies invasoras, especialmente el diente de león. No es difícil explicarse con todo ello porqué, nuestra especie más emblemática, el camaleón pasa por una situación crítica.

La presión sobre el sistema dunar, especialmente en verano, es desorbitada. Accesos, chiringuitos, aparcamientos, quads, motos, vándalos, basura, acampada, fogatas, pisoteo, desbroce. Nada nuevo, por otro lado.
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Espero que si llegue, y sea novedad, una creciente conciencia ciudadana, sabedora de la necesidad que tenemos que el ecosistema dunar esté sano, aunque simplemente sea por egoísmo inteligente; y que sea visible, constatable la implicación de las administraciones públicas en proteger y cuidar, funciones que, de otro lado, les son obligatorias. El Antropoceno está aquí, aprendamos al menos, a gobernar el planeta adecuadamente.