jueves, 19 de enero de 2017

Muera el esquí


Nunca he esquiado y salvo que tenga necesidad, nunca lo haré.

La primera vez que subí al techo de la península ibérica, el Mulhacen, era comienzo del verano. La nieve apenas estaba recluida a los neveros y entre el mar de peladas piedras grises, tras pasar una loma, me quedé asombrado cómo, en el circo delante de mí, se erigían esperpénticos monumentos.

Tras la primera impresión, encontré el sentido humano de todo aquello. Bases de cemento para imponentes torres metálicas, cableado de acero, poleas, balizas, indicadores. Las entrañas de lo que en otros meses es el sustento de las pistas y remontes de la estación de esquí.

Abandonados en las piedras y el viento, la sensación de abandono, de chatarrería, era patente, un frío cementerio de guerra. Y lo que hasta ese momento era una inmersión a la diosa Montaña, ese reto del hombre por llegar a la cima y superarse a si mismo, por encontrarse a si mismo, fue violada por lo que me pareció una profanación, un sacrilegio, una falta de respeto, de civismo.

En aquel momento tenía poco oxígeno y pensaba menos, pero se quedó grabado en la retina y me sirvió para tomar una decisión. Nunca, por mi culpa, para mi ego, para mi disfrute pasajero, tendrían que hacerle nada parecido a ninguna montaña.

Ahora, parece que el negocio del esquí en la península ibérica disminuye. Como actividad accesoria, lúdica, extra, se ha desinflado como otros tantos negocios durante los últimos años. De los 6,59 millones de esquiadores en 2.008, se ha pasado en la temporada 2015/2016 a 4,74 millones, un 28% menos. A ello hay que añadir que el ingreso medio por esquiador ha dado un brusco descenso en los últimos años y se coloca a nivel de hace diez. Los números no salen ni esquiando para atrás.

Existe un detalle curioso en el modo de comunicación. Desde diciembre de 2016, en las noticias se ofrecen datos de esquiadores y de visitantes. Muchas personas suben a la montaña, gracias a las buenas carreteras e instalaciones a “tocar nieve”, pero van a modo de picnic.

En España existen 33 estaciones de esquí, pocas de ellas rentables, y cada vez menos. Cetursa, la sociedad pública que gestiona la estación de Sierra Nevada cerró el 2015 con un fondo de maniobra negativo de 17,9 millones de euros.

Sería lamentable que las empresas explotadoras de esta actividad lúdica encontrasen salida a su déficit con iniciativas y medidas que reventaran aún más la Montaña, ideas ya están buscando. No podemos permitirlo.

Respeto mucho lo que cada uno quiera hacer, pero tengo muchísimo más por nuestro patrimonio histórico y natural, por lo que no podremos recuperar si ahora lo saqueamos. Que el declive de las estaciones de esquí, que su déficit, que su inviabilidad económica sirva para recobrar las Montañas. El esquí es divertido y superficial, las Montañas son insondables y las necesitamos.