domingo, 12 de febrero de 2017

Hablar a la máquina en lugar de a las personas, esa atrofia


Del latín "comunis", significa común. Poner en común, eso es comunicar. Por eso, el acto de comunicar puede plantearse como unidireccional, sin retorno, sin réplica, sin posibilidad siquiera de pedir aclaraciones.

Dialogar va más allá. Porque es de ida y vuelta, como el buen flamenco. El emisor y el receptor intercambian las posiciones. Interaccionan, comparten,  suman, crecen. Es más exigente si, pero mucho más enriquecedor.

La revolución tecnológica hace que pasemos cada día más tiempo con las máquinas. Las máquinas han contribuido a aumentar el individualismo en la sociedad de manera decisiva en los últimos años. Los niños ya no juegan en equipo a la pelota, se quedan encerrados con su consola y chatean si acaso con los compañeros.

Y todos, los de cualquier edad, haciendo un mal uso de la tecnología, nos volvemos más parcos en las relaciones humanas. Optamos por la comunicación en vez del diálogo. Es más fácil, hay que dar menos explicaciones, no hay posibilidad de réplica cuando dejamos un mensaje de voz y lo colgamos de un teléfono móvil o un ordenador. Ahí está eso, yo ya lo he dicho, esta es mi verdad, apáñate.

Que nadie quiera ver economicidad o practicidad, es atrofia del diálogo.

Preferimos hablar con la máquina en vez de dialogar con las personas. No es evolución, no es comodidad, es pereza, es torpeza y en no pocos casos, cobardía.


Tenemos en nuestro teléfono la misma capacidad de procesamiento que algunos satélites que hemos lanzado al espacio. Quizás por eso estamos consiguiendo que los chavales tengan conversaciones como los astronautas de los años sesenta, con veinte minutos de retardo. Mientras tanto, el cerebro en su mundo interior.

No, el uso que le estamos dando a los mensajes, a los buzones del teléfono y el ordenador, el estilo que está adoptando la comunicación nos perjudica, nos embrutece, nos debilita como personas y sociedad. Cogemos miedo al diálogo y nos refugiamos en lanzar nuestra verdad a la máquina, que ella no se queja, no nos replica.

Y que me perdonen wassap y messenger si estoy yendo en contra de su modelo de negocio.